17 de novembre 2010

El Floridita y Lloret de Mar

Narcís Sala i Parera (1879-1953)
És un dels fills il·lustres de Lloret que va anar a Cuba i que, tot i que mai no va tornar, va ser d'aquells patriotes catalans que sempre van recordar el país. La història de Sala va molt lligada a la del seu oncle Serafí Parera, un lloretenc que després d'un desengany amorós amb una noia de Lloret va desaparèixer. La seva família, expliquen, no en va saber res durant trenta o quaranta anys.

De sobte, un dia van rebre notícies seves. En Serafí havia emigrat a Mèxic, estava molt malalt i volia que algun familiar l'anés a recollir per dur-lo a Lloret, on volia morir. L'enviat de la família per recollir Serafí Parera va ser Narcís Sala Parera, que va quedar parat en comprovar que el seu oncle, que continuava solter, era un gran terratinent. Serafí Parera es va vendre les terres i va començar el viatge cap a Lloret fent escala a l'Havana, on va morir. El seu nebot, quan va conèixer l'Havana, s'hi va quedar en veure que hi tenia més oportunitats de fer negoci que no pas a Lloret.

A l'Havana, hi va fundar el cafè restaurant El Floridita, conegut perquè Ernest Hemingway hi anava a prendre daiquiris. Narcís Sala i Parera no va oblidar mai els seus orígens i va pertànyer a la Societat de Beneficència de Naturals de Catalunya, una entitat que ajudava els catalans de Cuba que tenien dificultats.

La seva feina a la societat va ser tan gran que l'any 1929 se li va atorgar el títol de soci d'honor, i es va convertir en el darrer soci que va ostentar aquest títol, malgrat que l'entitat encara avui continua en actiu. A l'hora de reconèixer el mèrit de Narcís Sala, l'entitat va tenir en compte no només la gent a qui el lloretenc havia ajudat sinó també la seva perseverança en la construcció de l'ermita de Nostra Senyora de Montserrat a l'Havana, que és una rèplica de l'església que hi ha a s'Agaró.(1)

Constantí Ribalaigua i Vert (1888-1952)
El periodista cubà Ciro Bianchi Ros ofereix una petita història d'aquest local i parla, en especial, de Constantí Ribalaigua, també conegut com Big Constant o Constante, com li deia el seu amic Ernest Hemingway.

"Había en ese tiempo una taberna famosa llamada La Piña de Plata. Fue fundada en 1819 y se ubicaba a la vera de una de las puertas de la muralla que entre 1797 y 1863 rodeaba y protegía “la primitiva, modesta, sencilla, patriarcal y pequeña ciudad de San Cristóbal de La Habana”.

"El bodegón La Piña de Plata se transformó durante la intervención militar de Estados Unidos en el cuartel general de los buenos catadores norteamericanos y sus cantineros fueron poniendo una nota de modernidad en las simples bebidas primitivas. Después de 1902, cuando se instaura la República, esa taberna recibió el nombre de La Florida, pero con el fluir de los años los mismos clientes le dieron la denominación por la que se le conoce aún. La Florida pasó a ser Floridita “por dejarse querer”, decía Fernando G. Campoamor, historiador del ron. Pero el cambio de nomenclatura debió obedecer a una razón más realista. Había otro bar famoso en la época, el del hotel Florida, en la calle Obispo y los propios clientes sintieron la necesidad de distinguirlos y diferenciarlos.

"Eso ocurrió en tiempos del catalán Constantino Ribalaigua Vert. Llegó al Floridita en 1914, como dependiente, y, junto con dos empleados más, adquirió el bar en 1918.

 L'escriptor Ernest Hemingway, un client i amic d'en Constantí Ribalaigua

Font: IMAGE EARL LEAF_MICHAEL OCHS ARCHIVE GETTY IMAGES 1946
"Era un hombre emprendedor, de mucha iniciativa, muy trabajador. Entraba al Floridita a las siete de la mañana y se iba de madrugada, cuando despedía al último cliente. Había sido cantinero de algunos de los mejores bares de la capital. En el Floridita, las cosas no le fueron bien al comienzo: debía dinero. Fue así que los almacenistas que proveían el bar le dijeron que le concederían crédito si reconocía la deuda. Constante no lo pensó dos veces. Convenció a sus socios para que les vendieran su parte y, aunque endeudado, quedó como propietario único. De ahí hacia arriba hasta 1952, que es la fecha de su muerte. Cuando ocurrió su deceso, Hemingway escribió: “Ha muerto el maestro de los cantineros. Inventó el Floridita…”

"Constante era un hombre de estatura regular, bien plantado, muy serio. Afable, pero parco. Entablaba el diálogo solo cuando el cliente buscaba conversación. Bebía tan poco que casi podría decirse que era abstemio. En fiestas particulares, si asistía a alguna, no era raro que se diera su trago, pero en el Floridita lo hacía únicamente cuando no podía eludir el compromiso. Creaba un coctel para un cliente y jamás lo cataba antes de servírselo ni después.

"Un escritor inglés a quien Héctor Zumbado cita sin mencionar su nombre en El sexto sentido del barman, vio trabajar a Constante en los años 30. Expresaba:
“Seis de ustedes visitan el Floridita y piden Mary Pickfords. Un muchacho exprime la piña mientras que otro ayudante llena con hielo seis vasos a fin de enfriarlos. Cuando el jugo de piña está listo, Constante lo vierte en una coctelera gigante, toma la botella de ron y, sin mirar, echa una cantidad en la coctelera. También sin mirar, echa en la coctelera el curazao o la granadina. La bebida se bate pasándola de una coctelera a otra, con lo que se forma un semicírculo en el aire. Esta proeza se repite varias veces y Constante entonces saca el hielo que enfrió los vasos, coloca los vasos en hilera sobre el mostrador y con un solo movimiento los llena todos. Cada vaso queda lleno exactamente hasta el borde y en la coctelera no queda una sola gota. Vale la pena visitar La Habana solamente para ver a Constante en acción”.(2)

"Había bebido daiquiris dobles muy helados, de aquellos grandiosos daiquiris que preparaba Constante que no sabían a alcohol y daban la misma sensación al beberlos que la que produce el esquiar ladera abajo por un glaciar cubierto de nieve en polvo y luego, cuando ya se han tomado seis u ocho, la sensación de esquiar ladera abajo por un glaciar cuando se corre ya sin cuerda"
Ernest Hemingway, Islas en el Golfo,1970


Miquel Boadas i Parera  (1895-1967)
Josep Luís Maruenda, marit de Maria Dolors Boadas, filla del fundador del Boadas Cocktail Bar, repasa en aquest breu article la historia del famós local del carrer Tallers de Barcelona.

"(...) Esta es la obra de Miguel Boadas Parera, que creó arte para ofrendar desde Barcelona al mundo la continuidad de su esencia profesional. Boadas fue sin duda alguna, una de las figuras cimeras en el arte de elaborar cocktails. Estaba singularmente dotado para esta difícil labor. Era lo que suele llamarse un artista nato. Tanto es así que hoy día puede hablarse de una prestigiosa y reconocida "escuela" Boadas.

Miquel Boadas
Font: http://boadascocktails.com/
Boadas nació en La Habana, un 24 de octubre de 1895. Hijo de emigrantes catalanes, concretamente de Lloret de Mar, provincia de Gerona, vio la primera luz en una taberna que poseían sus padres en la calle Empedrado, en el casco antiguo de la Habana. Por ello se puede afirmar que el ambiente desde su niñez le fue propicio al que más tarde sería célebre barman, y cuyo historial está vinculado al del famoso FLORIDITA de la Habana, del que fue su primer barman, y del que eran propietarios unos primos hermanos suyos, la familia Sala Parera, allá por los años 10. No es extraño durante su etapa habanera verle servir el palco presidencial del famoso frontón JAI ALAI, o regentar el bar del elitista YACHT CLUB.

Contaba Boadas 31 años de edad, corría a la sazón 1926, cuando sintió el deseo de conocer Lloret de Mar, la cuna de sus padres. Fue durante su estancia en esta bella población de la Costa Brava, cuando conoció a una linda muchacha de nombre María, que sería el gran amor de su vida. Este acontecimiento sentimental tuvo indudablemente sus repercusiones en la vida profesional de Miguel, que decidió establecer su residencia en Barcelona.

Fue de un lado para otro, siempre aprendiendo, captando con su fina sensibilidad los gustos del público, sus reacciones en el ámbito comercial y artístico de aquella época. Fueron testigos de su inquietud profesional establecimientos de prestigio como el "Moka", "Nuria", "Canaletas", "Maison Dorée", etc, símbolos de toda una época. De estas observaciones sacaría buen provecho años más tarde.

Al año siguiente, en 1927, contrajo matrimonio con María Ribas Utset, en la iglesia parroquial de San Román, de Lloret de Mar, fijando su nuevo domicilio en la pintoresca y barcelonesa calle de Regomir.
Boadas trabajó intensamente y si 1927 marcó un hito  en su vida sentimental, 1933 incrustó un jalón eterno en su vida profesional. Un 24 de octubre de ese mismo año, la jornada aconteció imborrable, naciendo para la Ciudad Condal la futura catedral del cocktail el BOADAS COCKTAIL BAR.
Aquel día constituyó un verdadero acontecimiento de trascendencia ciudadana en la Barcelona de aquella época.

Otro hito importante en su vida familiar lo marcó el nacimiento de su única hija, María Dolores, dos años después de inaugurar el establecimiento que lleva su nombre. Este acontecimiento conmovió profundamente el sentimiento de nuestro hombre, sencillo y afable, sintiéndose totalmente realizado, plenamente feliz.

Miguel Boadas Parera falleció el día 2 de Mayo 1967, rodeado de su afligida esposa María y de sus hijos María Dolores y José. Desaparecía una insigne persona que había tenido siempre el concepto hecho frase de Eugenio D'Ors que dice: "La hora pasa, la pena se olvida, la obra queda".

La obra espléndida que nos legó, la "escuela" del cocktail BOADAS COCKTAIL BAR, es una herencia para Barcelona que se perpetúa magníficamente en María Dolores Boadas su hija." (3)

L'escriptor José Maria Carandell fa un recordatori d'aquest mític local i del seu propietari:

(...) "Fue en 1927 cuando compartió su pasión con una muchacha de su Lloret. Y fue en 1933 cuando encontró un local a la medida de sus deseos, cerca de los otros tres en que había trabajado. Era un minúsculo corredor, en el numero 1 de la calle de Tallers casi esquina a la Rambla. Lo hizo decorar al estilo de “La Florida”, como tantos y tantos lugares hay en Cataluña con un cierto aire cubano. Y como ya no había entrado por la puerta chica ni por la grande sino por la propia, y no tenía aquí un Sala Parera que lo apadrinase lo bautizó con su nombre “Boadas”. Sucedía esto en los años de aquella República en que los barceloneses, acostumbrados a los tradicionales cafés, casi no habían visto nunca los bares de barra y altos taburetes a la americana. Y la gente, con ese simpatico “seny” padre de tantos ahorros, pero también de tantos fracasos, se decía, “El Canaletas tiene vida para largo, pero el Boadas… no durará ni dos años”.

Sin embargo, si duró dos años para ver nacer a la hija, María Dolores. Y tres, para aumentar día a día la clientela con personajes como Segarra – el gran poeta vividor- Jacinto Benavente -el de las mil comedias de salón y un par de buenas-, Opisso – el extraordinario dibujante que inmortalizó el local lleno de aquellos hombres y mujeres “modernos” que tan bien llevó a las novelas Carles Soldevilla- y muchos otros personajes de la vida cultural, política y social de la Barcelona Republicana. Y duró el “Boadas” tanto, que pasó entre dos fuegos cruzados e la Rambla que también escuchó Orwell y que de sus oídos pasaron al “Homenaje a Cataluña”, y reaparecíó en la postguerra tan oscura y tan prohibitiva."(4)

·RECEPTA DEL LLORETENC COCKTAIL·

Es posa en una cocktelera adecuadada trocets de gel ben net. 

1/2 vermut "Martini Rosso"
1/2 conyac
Unes gotes de'"Cointreau.' 
Es dilueix bé a la cocktelera i és serveix en copa alta de xampany, afegint-hi una cirera i una crosta de taronja.



(1) Font:Punt Diari/Laura Juanola 26 de juny de 2004

(2) Font: La historia de Constante, per Ciro Bianchi Ros

(3) Font: Josep Luís Maruenda en Gingiro.com 

(4) Font: Blog Cockteleria clásica. José María Carandell. Boadas un triángulo mágico